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Eclipses solares totales: Por qué estos fenómenos son laboratorios naturales de la ciencia

Eclipses solares totales: Por qué estos fenómenos son laboratorios naturales de la ciencia

Cooperativa Ciencia,

Tiempo de lectura: 3 minutos Los eclipses totales de Sol han generado conocimiento científico que va desde el descubrimiento del helio hasta la confirmación de la Teoría de la Relatividad General. Hoy, ayudan a saber cómo se comportan los seres vivos y la atmósfera terrestre.

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A propósito del eclipse solar total que ocurrirá el 12 de agosto y que tiene a España como el lugar donde mejor se apreciará, vale la pena recorrer algunos hitos que convierten a estos fenómenos en verdaderos laboratorios naturales.

El registro más antiguo de un eclipse total de sol, con precisión, data del 1223 antes de Cristo. Y ese registro es el que está grabado en una tablilla de arcilla encontrada en 1948 en las ruinas de la ciudad de Ugarit, en Siria, y que marca el punto de partida del conocimiento generado por este tipo de fenómenos.

Por ejemplo, el eclipse del 133 antes de Cristo, observado en Babilonia, y que se describe en una tablilla conservada en el Museo Británico, hoy podría generar dudas en el mundo científico acerca de los modelos de rotación de la Tierra. Esto porque si la Tierra hubiera rotado a la velocidad de hoy, el eclipse habría ocurrido en las islas Baleares, España, pero si decreciera al ritmo que se espera, se habría visto en Afganistán.

Corona solar

Los eclipses totales permiten observar y estudiar la corona solar, que es la parte más externa de su atmósfera y que encierra una gran pregunta: no se sabe con certeza por qué su temperatura es muchísimo más elevada que la de la superficie.

Sobre ese tema, la primera referencia fue de Plutarco. Pero la que se considera la primera descripción científica de un eclipse, fue cuando en 1560 en Coimbra, Portugal, el jesuita Cristopher Clavius, habló de la gran luz que rodeó el Sol.

Sin embargo, para saber si esa aureola era un fenómeno solar, lunar o terrestre hubo que esperar hasta el XIX, cuando el astrónomo británico Joseph Lockyer, observando un eclipse solar, descubre el helio como parte de la corona, aunque recién varios años después se localizó también en la Tierra.

Teoría de la relatividad

Pero tal vez la contribución más importante de los eclipses a la ciencia fue conseguir una de las primeras pruebas experimentales de la Teoría de la Relatividad General de Albert Einstein, que se logró observando el de mayo de 1919.

Los resultados de esas observaciones confirmaron que la luz se curva al pasar un campo gravitatorio intenso como el del Sol y lo hacía en el rango previsto. Esa demostración disparó la popularidad del científico y abrió el camino a numerosas aplicaciones, entre las que se cuenta, como gran ejemplo de uso cotidiano, el GPS, que usa las correcciones gravitatorias relativistas para funcionar.

Mirando a la Tierra

Ya en el siglo XXI, misiones europeas como Solar Orbiter, se han aproximado a distancias increíblemente cercanas al Sol; o Proba 3, que con dos satélites crea eclipses artificiales; permitiendo así estudiar la estrella sin depender de los naturales. Aunque los eclipses naturales no pierden interés, ya que los científicos que estudian la corona solar siguen observando, con la intención de entender efectos muy sutiles que se pueden apreciar sólo en cuando ocurren de esa forma.

También, los eclipses permiten estudiar la ionosfera, la capa de la atmósfera que está a más de 80 kilómetros, y que sufre cambios drásticos debido a la falta repentina de luz, afectando su temperatura, densidad y propiedades. Incluso, gracias a los radioaficionados se analiza si esos cambios pueden interferir en la propagación de las frecuencias de radio

Seres vivos vs Eclipse

Un eclipse total también afecta a los seres vivos. Ya en crónicas medievales había referencias, a que la ovejas emitían «balidos lúgubres» y las vacas volvían al establo.

Está comprobado que algunas aves e insectos cambian su comportamiento, pero otros no. Una investigación en EE. UU. durante el eclipse de 2024 determinó que muchos pájaros cambian drásticamente sus comportamientos vocales al transformarse el día en noche y cuando vuelve la luz estallan en un coro de «falso amanecer».

Participación ciudadana

Por último, algo que destaca es que en los tiempos que corren, la participación de las personas se vuelve muy valiosa.

Por ejemplo, este 12 de agosto, tanto unos días antes, durante y después, los smartwatches de miles de voluntarios tomarán datos para analizar la respuesta fisiológica del cuerpo en el proyecto llamado Solaris, impulsado por el Instituto de Cataluña de Estudios Espaciales y el Instituto de Investigación del Vall d’Hebron de Barcelona, en España.

También, más de 60 telescopios y cámaras fueron repartidos a voluntarios por la senda del eclipse para que hicieran los mismos registros cuando la totalidad llegara a su ubicación. Observaciones de ese tipo, o por relevos, han permitido conseguir un eclipse total de 2.30 horas, cuando en cada lugar solo duraba un par de minutos.

Por eso, lo que vaya a ocurrir el mencionado 12 de agosto no es sólo una anécdota. Es más bien un acontecimiento científico valioso capaz de aportar información valiosísima para engrosar conocimiento y entender cómo funciona el universo.


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