Erosión y cierre de playas podría costar US$60 millones anuales al turismo de Chile central
Tiempo de lectura: 2 minutos Un estudio del Instituto Milenio SECOS advierte que las marejadas y la pérdida de arena tendrá un costo en el bienestar y la economía nacional si no se implementan medidas de adaptación.
Durante décadas, las playas han sido el motor del turismo en Chile, una actividad que aporta cerca del 3,5% del PIB y genera más de 600 mil empleos. Sin embargo, la erosión costera y el aumento de las marejadas están transformando el litoral. Un estudio liderado por investigadores del Instituto Milenio en Socio-Ecología Costera (SECOS), junto a la Universidad del Desarrollo (UDD), la Universidad Católica (PUC) y la Universidad de Temuco (UCT), pone cifras concretas a esta amenaza.
La investigación, publicada en la revista Annals of Tourism Research, analizó las decisiones de viaje de turistas de la Región Metropolitana hacia los principales balnearios de las regiones de Coquimbo, Valparaíso y O’Higgins. Los resultados muestran que la pérdida de playas no es solo un problema ambiental, sino una crisis económica inminente.
Felipe Vásquez, investigador SECOS y académico de la UDD, señala que «cuando una playa se erosiona, perdemos bienestar humano. Indexar estos datos permite que la protección costera deje de verse como un gasto ambiental y se entienda como una inversión en bienestar económico y social«.
¿Cuánto están dispuestos a pagar los chilenos?
Según los datos obtenidos, los turistas están dispuestos a pagar $868 adicionales por cada metro extra de ancho de playa, lo que demuestra que el espacio disponible es clave para la experiencia recreativa.
Más relevante aún es la valoración de las dunas. Los usuarios están dispuestos a pagar hasta USD 29,40 por viaje para asegurar la conservación de estos ecosistemas. «Las dunas no son un adorno; actúan como barreras naturales frente a marejadas y sostienen la biodiversidad», explica el estudio.
Millonarias pérdidas hacia el 2100
El informe cuantifica el impacto de los cierres temporales de playas debido a condiciones climáticas extremas, que hoy promedian los 70 eventos anuales en la zona central. Actualmente, un solo día de clausura genera pérdidas de bienestar de CLP 374,39 millones en Coquimbo, CLP 352,24 millones en Valparaíso y CLP 289,07 millones en O’Higgins.
Si la frecuencia de estos eventos se duplica hacia el año 2100 —como proyectan los modelos de cambio climático—, las pérdidas anuales para el turismo doméstico podrían escalar a los USD 60,32 millones. Esta cifra es considerada conservadora, ya que no incluye la devaluación de propiedades ni el deterioro de la infraestructura urbana.
Roberto Ponce, coautor del estudio e investigador SECOS, advierte que «la inacción no es gratis. Si no se invierte hoy en restauración y planificación costera, el país terminará pagando mucho más en el futuro».
El dilema de la infraestructura
Otro de los hallazgos del estudio es la reacción negativa de los turistas ante la infraestructura de ingeniería dura, como muros de concreto o enrocados visibles. Los visitantes perciben estas obras como una señal de que la playa está deteriorada, lo que reduce el atractivo del destino.
Ante esto, los científicos proponen soluciones basadas en la naturaleza y una planificación urbana que integre criterios paisajísticos. «Las ciudades necesitan adaptarse, pero las intervenciones deben ser de bajo impacto visual y contar con la participación de las comunidades», añade Ponce.