Megasequía pone a prueba la supervivencia del bosque esclerófilo de Chile central
Tiempo de lectura: 2 minutos Investigadoras del Instituto de Ecología y Biodiversidad descubrieron que la resistencia de los árboles nativos no depende solo de ahorrar agua, sino también de mantener activa la fotosíntesis, ayudando a comprender cómo responderán estos ecosistemas frente al cambio climático.
La megasequía que afecta a Chile central desde hace más de una década ha provocado un deterioro visible en el bosque esclerófilo, con pérdida de hojas, pardeamiento del follaje y mortalidad de árboles. Sin embargo, algunas especies han mostrado una capacidad de resistencia mayor que otras.
Con el objetivo de entender este fenómeno, un equipo de investigadoras estudió 11 especies de árboles y arbustos nativos en el Parque Nacional La Campana, en la Región de Valparaíso. Los resultados, publicados en la revista científica Annals of Botany, permitieron identificar los mecanismos que explican la supervivencia de ciertas especies frente al estrés hídrico prolongado.
La investigación fue liderada por Frida Piper, de la Universidad de Talca, y Susana Paula, de la Universidad Austral de Chile, ambas investigadoras del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), junto a Rocío Urrutia-Jalabert, de la Universidad de La Frontera, la UACh y el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2).
El desafío de captar carbono sin perder agua
El estudio analizó árboles sanos y dañados mediante observaciones en terreno y pruebas de laboratorio. Entre otros aspectos, se evaluaron las reservas de azúcares y almidón, la actividad fotosintética y el crecimiento de los árboles durante la megasequía.
Los resultados mostraron que la supervivencia no depende únicamente de resistir la falta de agua, sino de mantener un equilibrio entre la conservación hídrica y la producción de carbono a través de la fotosíntesis.
«Lo que encontramos fue bastante claro. Las especies menos perjudicadas por la megasequía fueron aquellas capaces de seguir realizando fotosíntesis incluso bajo estrés hídrico«, explicó Frida Piper. Según la investigadora, las especies más resistentes lograron regular de manera eficiente la apertura y cierre de sus estomas, pequeños poros de las hojas que permiten captar dióxido de carbono, pero que también son responsables de la pérdida de agua.
Cuando los arboles mueren de hambre
Las investigadoras detectaron que algunas especies, como el lingue, mantuvieron sus estomas abiertos durante más tiempo, perdiendo más agua y sufriendo mayores daños fisiológicos.
A partir de estos resultados, el equipo concluyó que los árboles no necesariamente mueren por falta de agua, sino por la incapacidad de mantener la producción de carbono durante periodos prolongados.
Las especies más resistentes del bosque
Entre las 11 especies estudiadas, el peumo y el litre destacaron como las más resistentes a la megasequía, presentando menor pérdida de hojas y una mejor capacidad para sostener sus funciones fisiológicas.
En un nivel intermedio se ubicaron especies como el boldo, quillay, belloto del norte, molle, arrayán y lilén. En tanto, las más sensibles fueron el lingue y el tevo, que mostraron mayores dificultades para mantener la producción de carbono bajo condiciones extremas.
Claves para enfrentar el cambio climático
Las investigadoras sostienen que estos resultados son relevantes para comprender el impacto de la crisis climática sobre los ecosistemas mediterráneos de Chile y para orientar futuras estrategias de conservación y restauración.
Aunque en algunos años las precipitaciones aumenten, Frida Piper advierte que la sequía no depende únicamente de la lluvia. El incremento de las temperaturas eleva la demanda atmosférica de agua y mantiene las condiciones de estrés para la vegetación.
Las investigadoras enfatizan la necesidad de contar con sistemas permanentes de monitoreo ecológico y financiamiento estable que permitan responder rápidamente a fenómenos como sequías e incendios forestales, generando información clave para proteger estos ecosistemas en el largo plazo.