Chile recupera más de 200 variedades tradicionales de porotos tras 40 años en el extranjero
Tiempo de lectura: 2 minutos Tras permanecer casi cuatro décadas bajo resguardo en Colombia, una valiosa colección de semillas de porotos chilenos regresó al país con el fin de recuperar la biodiversidad perdida frente al avance de los monocultivos y el cambio climático.
Un total de 206 variedades tradicionales de porotos, recolectadas en diversas zonas del país durante la década de 1990, fueron repatriadas con éxito desde el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) en Colombia. Esta iniciativa fue encabezada por investigadores del Banco de Recursos Genéticos Vegetales de INIA Quilamapu en Chillán.
La operación contó con el respaldo de la Subsecretaría de Agricultura y el Fondo de Distribución de Beneficios de la FAO, permitiendo que materiales que habían desaparecido de los campos locales vuelvan a territorio chileno. Según los expertos, estas semillas no solo representan cultura y tradición, sino que son la llave para enfrentar los desafíos agrícolas del siglo XXI.
El centro de operaciones de este rescate es el Banco de Recursos Genéticos Vegetales en Chillán, donde actualmente se resguardan 1.239 accesiones o variedades de leguminosas. «Son materiales que forman parte de nuestro patrimonio agrícola y cultural. Recuperarlas permite ponerlas a disposición de la investigación y devolverlas a los territorios donde se originaron», enfatiza Gerardo Tapia, curador del banco y científico líder del proyecto.
La lucha contra el avance del monocultivo
Tapia explica que la colección original se formó mediante prospecciones realizadas a fines del siglo pasado en más de 200 localidades, desde Arica hasta Chiloé.
Sin embargo, a lo largo de las últimas décadas, muchas de estas variedades tradicionales —cultivadas históricamente por pequeños agricultores— se perdieron en sus lugares de origen. «El avance de los monocultivos agrícolas desde mediados del siglo pasado contribuyó a la desaparición de numerosas variedades tradicionales», señala Tapia. Ante este escenario, la copia de seguridad enviada hace 40 años a Cali, Colombia, se convirtió en el único respaldo de este tesoro genético.
La repatriación permite ahora realizar un catastro de los materiales que ya no estaban disponibles en los bancos nacionales.
El desafío de multiplicar las semillas
Las 206 variedades arribaron en bolsas selladas y codificadas, conteniendo apenas 20 semillas por cada tipo. Esta cantidad es mínima, lo que obliga a los científicos de INIA Quilamapu a iniciar una etapa de multiplicación bajo condiciones controladas.
«El primer objetivo es regenerar el material recibido y aumentar la cantidad de semillas disponibles en condiciones de confinamiento, evitando contaminaciones o enfermedades», detalla Tapia. El reto es mayúsculo, pues estas semillas han estado congeladas durante décadas y el entorno climático de Chile hoy es muy distinto al de los años 90.
No obstante, esta variabilidad genética es precisamente lo que hace a estas semillas tan valiosas. Se espera que entre las variedades repatriadas existan rasgos de resistencia a la sequía, tolerancia a temperaturas extremas y defensas naturales contra plagas, factores determinantes para adaptar la agricultura chilena a la crisis climática actual.
El retorno de estos porotos abre una ventana a la ciencia nutricional. Según los expertos del INIA, muchas de estas variedades nunca han sido evaluadas en su contenido de fibra, almidones o compuestos bioactivos beneficiosos para la salud humana. De este modo, el rescate proyecta un futuro de alimentos más saludables y resilientes.