Turismo antártico: Proyecto busca construir plataforma para la protección del continente blanco
Tiempo de lectura: 3 minutos La iniciativa liderada por el Instituto de Ecología y Biodiversidad y el Instituto Antártico Chileno buscará anticipar riesgos asociados al creciente flujo de turistas, científicos y personal logístico hacia la Península Antártica.
Cada año la Antártica aparece en las listas de los destinos turísticos más apetecidos en el mundo. Este interés, lejos de ser puro beneficio, genera alerta sobre los cuidados de uno de los ecosistemas más vulnerables del planeta.
Esta paradoja y el creciente flujo de turistas que se prevé llevaron al Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), a plantearse la pregunta ¿Cómo combinar turismo, ciencia y cambio climático? Así fue que se adjudicó por primera vez un proyecto del Instituto Antártico Chileno (INACH), orientado a fortalecer la bioseguridad y la conservación de la biodiversidad antártica frente al incremento de las actividades humanas.
“Comprendiendo el rol de las actividades humanas en el riesgo de invasiones vegetales en la Antártica: hacia un sistema de monitoreo y bioseguridad”, se llama el proyecto, con fecha de inicio el 2027, liderado por Eduardo Fuentes-Lillo, investigador del IEB y coordinador del Programa Integrador del Laboratorio de Invasiones Biológicas de la Universidad de Concepción (LIB-UdeC). Además, la iniciativa cuenta con la participación de un equipo multidisciplinario integrado por la Dra. Marely Cuba, el Dr. Rafael García y el Dr. Aníbal Pauchard, de la Universidad de Concepción; la Dra. Paola Poch, de la Universidad de Chile; y la MSc. Alejandra Jiménez, de la Universidad Andrés Bello.
Ecosistema vulnerable
Históricamente el continente Antártico ha sido considerado un ecosistema aislado y protegido por sus condiciones extremas. Pero los tiempos que corren han modificado esa percepción.
El aumento de visitantes, operaciones científicas y actividades logísticas, sumado a los efectos del cambio climático, están generando condiciones más favorables para la llegada y eventual establecimiento de especies exóticas. Por eso, el investigador principal advierte que estas amenazas se vuelven especialmente relevantes porque la biodiversidad antártica es única y altamente especializada a perturbaciones externas.
“Hoy existe mucho más movimiento de personas, barcos, turismo, actividades científicas y logísticas, y todo eso aumenta las probabilidades de que lleguen especies exóticas, por ejemplo semillas, fragmentos de plantas u otros organismos asociados a la ropa, al calzado, a la carga o a las embarcaciones”, explica Eduardo Fuentes.
El experto explica que las barreras naturales que antes protegían a la Antártica, hoy, con los efectos del cambio climático, han caído y con ello, los riesgos se elevan.
“Con el cambio climático, algunas de las barreras naturales que históricamente impedían el establecimiento de especies exóticas comienzan a disminuir. Eso significa que organismos que antes no podían sobrevivir podrían encontrar oportunidades para establecerse. Las invasiones biológicas y el cambio climático actúan de manera conjunta, aumentando la vulnerabilidad de estos ecosistemas”, señala.
Bioseguridad
En ese contexto, la experiencia de Marely Cuba, quien ya había liderado investigaciones sobre perturbaciones asociadas a la alta actividad humana en la Antártica, como la presencia de semillas depositadas en su suelo, es clave. Esto porque uno de los focos centrales de la investigación será comprender cómo turistas, científicos, operadores logísticos y personal de apoyo pueden actuar involuntariamente como vectores de dispersión de especies exóticas.
“Las personas pueden transportar semillas y otros propágulos adheridos al calzado, la ropa, mochilas, equipos o materiales que ingresan a la Antártica. Lo que buscamos ahora es entender mejor cuánto material biológico se está movilizando y cuáles son las principales vías de ingreso”, explica Eduardo Fuentes.
Para lograrlo el proyecto implementará protocolos de monitoreo que incluyen el aspirado y análisis de ropa, zapatos, equipamiento científico, vehículos y carga, permitiendo identificar los puntos críticos de ingreso de especies potencialmente invasoras.
Hasta hoy se han registrado al menos 27 introducciones involuntarias de especies exóticas de plantas en la región de la Península Antártica, principalmente asociada a estaciones científicas. Aunque la mayoría no ha sido exitosa en su establecimiento, la comunidad científica coincide en que el riesgo aumentará durante las próximas décadas debido a la combinación de cambio climático y creciente actividad humana.
Conocimiento como herramienta
El proyecto busca desarrollar una plataforma interactiva de acceso público que permitirá identificar áreas con mayor probabilidad de establecimiento de especies exóticas. Además, la herramienta integrará información climática obtenida mediante sensores en terreno, registros de biodiversidad, datos sobre actividades humanas y resultados experimentales relacionados con la capacidad de supervivencia de distintas especies exóticas bajo condiciones de crecimiento antárticas.
La iniciativa del IEB busca transformar el conocimiento científico en herramientas para la gestión ambiental, fortaleciendo la bioseguridad como una estrategia clave para la conservación y la sostenibilidad del turismo frente a un alto interés internacional por visitar la Antártica.
Según datos de la International Association of Antarctica Tour Operators IAATO 2024-2025, cada temporada cerca de 120 mil turistas llegan al continente a través de cruceros y expediciones especializadas.