A más de 25 años: Daños de la pesca de arrastre persisten en los montes submarinos de Juan Fernández
Tiempo de lectura: 3 minutos Después de más de dos décadas de prohibición de la actividad, una investigación demuestra que la biodiversidad de aguas profundas en la zona no ha logrado recuperarse completamente.
Una investigación liderada por científicos de Oceana, el Centro para la Ecología y Manejo Sustentable de Islas Oceánicas (ESMOI), y del Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA), además de otras instituciones nacionales e internacionales, concluyó que la pesca de arrastre, a pesar de estar prohibida hace más de dos décadas, sigue siendo la principal causa del daño que se observa en los montes submarinos del Archipiélago de Juan Fernández.
El artículo fue publicado en la revista científica Deep-Sea Research, y en él además se expone el apoyo que significó el buque de investigación Falkor (too) del Schmidt Ocean Institute durante la expedición Seamounts of the Southeast Pacific realizada en 2024.
Los investigadores, quienes descendieron en el vehículo de operación remota, ROV SuBastian, del mismo buque, compararon tres montes submarinos históricamente afectados por la pesca de arrastre con un cuarto monte ecológicamente similar, denominado «Solito», donde nunca se ha registrado esta actividad.
Los resultados muestrearon un marcado contraste entre ambos escenarios. Mientras «Solito» conserva abundantes corales de aguas profundas, esponjas y una elevada diversidad de invertebrados, los montes que fueron objeto y víctimas de la pesca de arrastre presentan una menor cobertura de corales vivos, una biodiversidad reducida, menor complejidad del hábitat y claras evidencias de alteración del fondo marino.
25 años después
Lamentablemente, más de dos décadas después de que se terminara la pesca de arrastre de fondo en los montes submarinos del Archipiélago Juan Fernández, sus efectos siguen siendo visibles.
«Este estudio demuestra que los impactos de la pesca de arrastre sobre los ecosistemas de aguas profundas pueden persistir durante décadas. Aunque la actividad terminó hace más de 25 años, la recuperación sigue siendo muy limitada debido a que muchas de las especies afectadas, como los corales de aguas profundas, crecen extremadamente lento y pueden vivir cientos o incluso miles de años», señaló el Dr. Ignacio Petit, científico de Oceana e investigador principal.
Corales ingenieros
Respecto de los corales de aguas profundas, estos cumplen un rol fundamental como ingenieros del ecosistema ya que sus estructuras tridimensionales proporcionan refugio, alimento y zonas de reproducción para numerosas especies de peces e invertebrados. No obstante, también son extremadamente vulnerables al contacto con las redes de arrastre, capaces de destruir en poco tiempo estructuras que tardaron siglos en formarse.
«La presencia de corales vivos sostiene una mayor biomasa de invertebrados, entre ellos crustáceos de interés comercial como el cangrejo dorado (Chaceon chilensis) y la langosta de Juan Fernández (Projasus bahamondei), de modo que conservar los montes submarinos también contribuye a sostener las pesquerías artesanales de la zona», afirmó el Dr. Javier Sellanes.
Importancia de la protección
Los resultados de la investigación exponen la importancia de aumentar la protección de los ecosistemas de aguas profundas antes de que sea muy tarde. Chile fue uno de los primeros países del mundo en prohibir la pesca de arrastre de fondo sobre montes submarinos. Ya en 2012, la legislación nacional estableció la protección de 117 montes submarinos, reconociendo así la fragilidad de estos ecosistemas; por eso la responsabilidad parece mayor.
«La evidencia confirma que proteger estos ecosistemas antes de que sean degradados es la estrategia más efectiva. En ambientes donde los procesos de recuperación pueden tomar siglos, prevenir el daño no solo es una decisión ambiental, sino también una inversión para el futuro de la biodiversidad marina», agregó el Dr. Petit.
El Dr. Sellanes afirmó que, bajo las directrices de la FAO para la pesca de profundidad, un impacto que persiste más allá de cinco a 20 años se considera un impacto adverso significativo. «Nuestros resultados muestran que los montes de Juan Fernández han superado ampliamente ese umbral, con más de 25 años de alteración sostenida», puntualizó.
Así, los desafíos siguen siendo grandes, ya que la pesca de arrastre de fondo aún se utiliza en Chile para la captura de distintos tipos de merluzas y crustáceos.