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Aprendizaje basado en naturaleza: La apuesta educativa para combatir el impacto de las pantallas

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Tiempo de lectura: 2 minutos Frente al fenómeno de la «desdigitalización» en países europeos y el aumento de la ansiedad infantil, experta en educación propone un retorno al entorno natural.

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En un mundo donde la digitalización parece haber alcanzado un punto de saturación, la educación está comenzando a mirar hacia atrás, o mejor dicho, hacia afuera. Mientras países como Suecia han iniciado procesos de «desdigitalización» escolar tras detectar retrocesos en la comprensión lectora y la memoria, en Chile surgen iniciativas que buscan reencauzar el aprendizaje a través del contacto directo con el medio ambiente.

Este enfoque, conocido como Aprendizaje Basado en Naturaleza, consiste en una metodología intencionada que integra el currículum escolar con el entorno. Carolina Correa, directora del Plan Nature del Colegio Nido de Águilas, explicó a Cooperativa Ciencia cómo esta práctica está transformando la experiencia educativa en el nivel preescolar.

«Hemos visto que los niños se enferman mucho menos; tenemos menos ausencias. Además, logran una autorregulación que no siempre alcanzan dentro de la sala de clases. Aquellos niños que necesitan más movimiento encuentran en el espacio abierto el lugar para ser exitosos», señala la experta.

Los beneficios de aprender al aire libre

La evidencia científica sobre la exposición a pantallas en edades tempranas es creciente: afectación en el desarrollo del lenguaje, reducción de la capacidad de atención y alteraciones en el carácter. Frente a esto, la naturaleza actúa como un regulador biológico y emocional.

Según Correa, tras implementar un programa consistente donde los niños pasan entre tres y cuatro horas semanales en un entorno natural —como el cerro aledaño al establecimiento— los resultados han sido tangibles.

Entre los beneficios destacados por la especialista del aprendizaje basado en naturaleza se encuentran el desarrollo de habilidades socioemocionales, el pensamiento crítico y la resiliencia y autoestima.

La toma de riesgos

Esta metodología también ha demostrado fomentar la toma de riesgos controlada. En la educación tradicional, el riesgo suele eliminarse por completo, pero la ciencia educativa sugiere que enfrentar pequeños desafíos físicos es fundamental para el desarrollo de la personalidad.

«El tomar riesgo es un factor predictor para el éxito académico y la salud socioemocional a largo plazo«, explica Correa. Un ejemplo simple es cruzar un riachuelo o escalar un tronco caído tras una tormenta. «Ves niños que al principio no se atreven y luego, tras perseverar, sienten una felicidad que les llena el corazón. Ese ‘yo soy capaz’ se traduce luego en una mejor autoestima ante cualquier desafío académico futuro», añade.

A diferencia de lo que se podría pensar, la implementación de este modelo no depende de grandes presupuestos ni de ubicaciones geográficas privilegiadas: la metodología puede aplicarse en plazas, parques urbanos o incluso en el desierto. «No es un tema de recursos, sino de ganas y de cambiar la mentalidad», destaca la directora del Plan Nature.


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