Estudio chileno confirma que el juego de imaginación es clave para desarrollar la creatividad infantil
Tiempo de lectura: 3 minutos Una investigación liderada por académicas de la Universidad Católica analizó durante dos años a niños y niñas, concluyendo que la calidad del juego simbólico en la etapa preescolar predice trayectorias de creatividad más aceleradas hacia la educación básica.
¿Qué ocurre en el cerebro de un niño cuando transforma una caja de cartón en una nave espacial o un simple palo en una varita mágica? Lo que para muchos adultos podría parecer solo una distracción, para la ciencia es un indicador del desarrollo cognitivo. Un reciente estudio longitudinal realizado en Chile destaca la importancia del juego de imaginación y su relación con la creatividad infantil.
La investigación, que siguió de cerca a un grupo de niños y niñas durante dos años —desde prekínder hasta primero básico—, determinó que aquellos que se involucran en un «juego maduro» a los cuatro años presentan una mejora significativamente más rápida en sus habilidades creativas. Según Valeska Grau, académica de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica (UC) e investigadora del Centro de Desarrollo de Tecnologías de Inclusión (CEDETi UC), este vínculo es más determinante que otros factores tradicionales.
El estudio se centró en evaluar la calidad del juego de imaginación, específicamente cuando el niño logra separar el objeto real de su significado simbólico. «Mientras más elementos le agregan a ese juego y a la historia, hablamos de un juego más enriquecedor o maduro«, explica Grau.
El valor del «juego maduro»
Tras evaluar variables como el desarrollo del lenguaje (expresivo y comprensivo), la memoria de trabajo y las habilidades narrativas, fue la calidad del juego el factor que mejor predijo la creatividad futura. Los niños que jugaban de forma más compleja a los cuatro años no solo eran creativos en ese momento, sino que su capacidad para innovar y asociar ideas creció de manera mucho más acelerada que la de sus pares durante los primeros años de escolaridad.
Este tipo de juego, surge cuando se utilizan materiales no estructurados, como lápices, telas o cajas de desecho, que obligan al menor a proyectar una realidad inexistente sobre el objeto físico.
El fin del tiempo libre
A pesar de estos beneficios, la experta advierte sobre una crisis en los espacios de libertad para la infancia. Factores como la estructura de las ciudades modernas, el uso excesivo de pantallas y la sobrecarga de actividades extraprogramáticas están reduciendo las oportunidades para que los niños simplemente jueguen.
«Es importante que los niños tengan espacio para aburrirse«, señala la psicóloga. Para Grau, el aburrimiento es, paradójicamente, el caldo de cultivo de la creatividad, ya que activa redes neuronales que permiten asociar ideas de forma inusual. Sin embargo, el consumo pasivo de contenidos en plataformas como YouTube o el juego digital altamente estructurado (con reglas fijas) limita esta capacidad de invención.
A esto se suma un diseño urbano que prioriza los automóviles sobre las áreas de juego seguro y una tendencia de los padres a llenar las agendas de sus hijos con clases de música, deportes o idiomas. Si bien estas actividades son valiosas, la especialista destaca que la falta de autonomía y tiempo libre impide que surja la chispa de la imaginación espontánea.
Hacia una cultura del juego inclusivo
Desde el CEDETi de la Universidad Católica, el enfoque actual no solo busca rescatar el juego, sino transformarlo en una herramienta de inclusión y aprendizaje. Grau destaca el desarrollo de «evaluaciones lúdicas», donde los niños son evaluados a través de juegos de mesa o plataformas digitales sin la presión de una prueba tradicional. Esto permite que aquellos con dificultades escolares se sientan motivados y demuestren sus capacidades en un entorno seguro.
Para fomentar la creatividad en Chile, la experta sugiere acciones en tres niveles: en el hogar, permitiendo el desorden creativo y el uso de materiales simples; en las escuelas, otorgando mayor autonomía a los estudiantes; y en las políticas públicas, recuperando espacios urbanos —como el cierre temporal de calles— para devolverle a los niños el derecho a jugar libremente.