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Energía solar en Chile: las claves del récord de generación y la urgencia de modernizar la red eléctrica

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Tiempo de lectura: 2 minutos Pese a registrar los niveles de radiación más altos del planeta y superar los 12 GW de potencia fotovoltaica instalada, el país enfrenta el crítico desafío del vertimiento energético.

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En poco más de diez años, el sector energético chileno experimentó una transformación radical impulsada por las condiciones geográficas del norte del territorio.

Con el desierto de Atacama a la cabeza, el país se posicionó como un referente internacional en la captación y aprovechamiento del recurso solar, desplazando progresivamente la dependencia de combustibles contaminantes durante las horas de mayor luminosidad.

Al respecto, José Miguel Cardemil, director de Solar Energy Research Center Chile (SERC Chile), en conversación con Cooperativa Ciencia, destacó la ventaja comparativa incomparable que ostenta el territorio nacional: «El desierto de Atacama es el lugar con mayor radiación solar del planeta. La disponibilidad de energía solar que tenemos puede ser del orden de 25% a 30% más de lo que hay en otros lugares donde existe un amplio desarrollo tecnológico, lo que nos ha llevado en algunos momentos del día a abastecer sobre el 80% de los electrones que consumimos a partir de fuentes solares».

Este avance no solo ha cambiado el paisaje de las regiones septentrionales, sino que también ha permeado la zona central y centro-sur —como las regiones Metropolitana y del Maule— mediante plantas generadoras y alternativas de autoconsumo residencial.

El cuello de botella

Pese a este crecimiento récord, la velocidad de instalación de los parques fotovoltaicos ha superado con creces los plazos de desarrollo de la infraestructura de transporte. Levantar una central puede tomar cerca de un año, mientras que la planificación, tramitación y tendido de una línea de alta tensión demora entre siete y diez años. Como consecuencia, el sistema eléctrico experimenta recurrentes episodios de congestión en los que se debe descartar generación limpia.

Cardemil fue enfático al graficar esta paradoja: «En una década pasamos de unos pocos megas a casi 13 gigawatts instalados. Pero no hemos sido capaces de actualizar ni ampliar nuestras capacidades de transmisión eléctrica al mismo ritmo, lo que nos sitúa entre los países que más energía botan a la basura, simplemente porque no tenemos cómo evacuarla hacia los centros de consumo».

Para el investigador, este fenómeno evidencia la necesidad de transitar desde una postura meramente reactiva hacia una planificación estatal estratégica que entregue certezas a 15 o 20 años plazo.

El camino a la descarbonización

Frente a la variabilidad de la luz diurna y la urgencia de evitar pérdidas, los sistemas de baterías (BESS) a gran escala y la electromovilidad emergen como herramientas clave.

Paralelamente, los expertos apuntan a que la transición energética debe trascender la electricidad convencional, ya que esta solo representa un porcentaje menor del consumo energético total del país, dominado por usos térmicos e industriales.

«El almacenamiento ya no es tema de debate: es una realidad tecnológica cuyos costos siguen a la baja. Sin embargo, para cumplir con nuestras metas de descarbonización no basta con sumar generación; requerimos regulación e infraestructura que permitan llevar la energía solar a los procesos térmicos de la industria, la calefacción de los hogares, el transporte y la producción de hidrógeno verde», concluyó el director de SERC Chile.


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