Investigación revela cómo la alimentación durante el embarazo puede afectar el cerebro de la descendencia
Tiempo de lectura: 3 minutos Un estudio desarrollado por investigadores de la Universidad de Chile identificó que la restricción calórica durante la gestación altera una estructura clave para proteger el cerebro y deja cambios biológicos que persisten hasta la adultez.
La alimentación durante el embarazo podría tener efectos mucho más profundos de lo que se pensaba. Una investigación liderada por la Universidad de Chile reveló que la restricción calórica durante la gestación puede modificar el desarrollo de la barrera hematoencefálica, una estructura fundamental para proteger el cerebro, generando cambios que permanecen incluso en etapas avanzadas de la vida.
El estudio fue desarrollado por el Laboratorio de Cél1ulas Madre y Biología del Desarrollo de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile y publicado en la revista científica Cellular and Molecular Life Sciences. El trabajo fue liderado por la profesora Verónica Palma y contó con la participación de Jorge Zúñiga-Hernández, Bárbara Casas, Hernán Garay e Isaac Peña Villalobos.
Los resultados mostraron que una menor disponibilidad de nutrientes durante el desarrollo prenatal puede alterar genes relacionados con la estabilidad y el funcionamiento de los vasos sanguíneos cerebrales, afectando una estructura esencial para regular el ingreso de nutrientes y sustancias al cerebro
Una estructura clave para proteger el cerebro
La investigación analizó los efectos de la restricción calórica durante el embarazo sobre la barrera hematoencefálica, una estructura que regula el paso de nutrientes y sustancias desde la sangre hacia el cerebro. Su función es esencial para mantener el equilibrio químico cerebral y proteger al sistema nervioso de elementos potencialmente dañinos.
El estudio, desarrollado en modelos animales experimentales, mostró que una menor disponibilidad de nutrientes durante la gestación altera genes asociados a la estabilidad y permeabilidad de esta barrera protectora. Como consecuencia, las células vasculares cerebrales presentan modificaciones que pueden mantenerse durante largos periodos.
Según explicó la profesora Verónica Palma, líder de la investigación, el cerebro depende de una estrecha relación entre el sistema nervioso y el sistema vascular para recibir nutrientes y eliminar sustancias de desecho. Por ello, cualquier alteración en esta comunicación puede afectar su correcto funcionamiento.
Los investigadores también identificaron cambios en células relacionadas con la formación de nuevos vasos sanguíneos, lo que podría reflejar un sistema vascular más vulnerable e inestable desde etapas tempranas del desarrollo.
Las huellas persisten hasta la adultez
Uno de los principales hallazgos fue comprobar que los efectos de la restricción calórica prenatal no desaparecen tras el nacimiento. Por el contrario, ciertas alteraciones moleculares permanecen activas incluso durante la vida adulta.
A través de análisis transcriptómicos y herramientas computacionales avanzadas, el equipo detectó una reprogramación en las células endoteliales, encargadas de formar el revestimiento interno de los vasos sanguíneos. Estos cambios afectan genes vinculados a la integridad de la barrera hematoencefálica.
«Hay algo que queda guardado, una memoria epigenética. Esta investigación aporta desde el punto de vista de la barrera hematoencefálica, reforzando que no solo existen consecuencias a largo plazo por problemas de nutrición durante la gestación, sino que además esta barrera tiene un rol importante en esos efectos«, explicó Jorge Zúñiga, primer autor del estudio.
Los resultados refuerzan la idea de que las condiciones presentes durante el embarazo pueden influir en la salud futura de la descendencia, dejando una huella biológica que persiste mucho después del desarrollo fetal.
Nuevas pistas sobre trastornos psicológicos y neurológicos
El equipo también evaluó qué ocurría cuando los individuos expuestos a restricción calórica prenatal enfrentaban un nuevo episodio de estrés en etapas posteriores de la vida. Los resultados mostraron respuestas conductuales y vasculares diferentes respecto de quienes no habían estado expuestos a esta condición.
De acuerdo con los investigadores, esto sugiere que el primer estrés experimentado durante la gestación genera una vulnerabilidad biológica previa que modifica la forma en que el organismo enfrenta desafíos posteriores. Este fenómeno es conocido como el modelo del «segundo estresor«.
El trabajo se enmarca en la hipótesis DOHaD (Orígenes del Desarrollo de la Salud y la Enfermedad), que estudia cómo las condiciones tempranas de vida pueden influir en la aparición de enfermedades durante la adultez. En este caso, los hallazgos aportan nuevas evidencias sobre el papel del sistema vascular cerebral en el desarrollo de trastornos neurológicos y psiquiátricos.
Además, los investigadores identificaron genes que podrían transformarse en futuros blancos terapéuticos o biomarcadores para comprender mejor el origen de estas enfermedades. Para el equipo, el estudio demuestra la importancia de analizar el cerebro más allá de las neuronas, incorporando también el rol fundamental que cumplen los vasos sanguíneos en su funcionamiento.