Los abejorros podrían expresar emociones, pero depende del sabor
Tiempo de lectura: 2 minutos Un estudio observó que estos insectos reaccionan de distinta forma ante estímulos alimentarios que podrían considerarse parecidos a las emociones humanas.
Así como las personas expresan emociones, los abejorros, parece que también. Si, los abejorros.
Un equipo compuesto por investigadores de varias universidades, publicó un estudio en PNAS que explica cómo estos insectos son capaces de expresarse de forma similar a los humanos. Y aún más: si es que los insectos tienen conciencia.
Antes se creía que esos comportamientos muy parecidos a las emociones sólo podían identificarse en especies de mamíferos, pero el hallazgo en abejorros cambia nuestra “comprensión científica de la vida interior de los insectos”, remarca Andrew Barron, de la Universidad Macquarie, Australia, uno de los firmantes del artículo.
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El equipo, dirigido por la Universidad Médica del Sur de Guangzhou, China, usó registro de vídeo en cámara lenta para captar cómo los Bombus terrestris (en la foto) -nombre científicos de los insectos- sacudían la cabeza y se limpiaban la boca si no les gustaba la comida; mientras que se ‘relamían los labios’ cuando era de su agrado.
Los investigadores estudiaron 18 colonias de abejorros, revelando que éstos exhibían comportamientos observables de ‘gusto y disgusto’, a diferencia de las acciones motivadas solamente por un reflejo alimentario.
Observaron, además, las reacciones orofaciales de los abejorros cuando probaban gotas de agua pura, agua con diferentes concentraciones de azúcar o agua que contenía sal o quinina amarga.
Dulce o salado
El estudio muestra que, luego de consumir agua con azúcar, los abejorros sacaban repetidamente su glosa -algo así como su lengua- para ingerir líquidos, ya que las concentraciones elevadas de azúcar provocaban más estímulo de este órgano que las concentraciones bajas.
Los insectos expuestos al calor mostraron reacción tras el consumo tanto de agua pura como de agua salada, lo que explicaría que este comportamiento no está vinculado únicamente al sabor dulce.
Sin embargo, al probar la sal, los abejorros sacudían la cabeza y las piezas bucales y se limpiaban estas últimas con las patas delanteras. Un signo de aversión.
El investigador Barron explica que estas expresiones faciales son una ventana importante a los estados internos de los animales.“Siempre ha existido una tensión entre considerar a los insectos como animales o como una especie de minirrobots. Este es un paso más para demostrar que las abejas tienen una vida interior”.
Según el equipo los resultados aportan pruebas de que ciertas reacciones orofaciales reflejan la evaluación afectiva en los abejorros, lo que tiene implicaciones para los estudios comparativos sobre las emociones de los animales.
“Entre una abeja y una mosca no hay grandes diferencias en la organización del cerebro, esto significa que existen más aspectos que tener en cuenta a la hora de tratar a los insectos o reaccionar ante ellos”, cierra Barron.