Sobrepoblación de erizos negros estaría devastando los fiordos marinos en Chile
Tiempo de lectura: 2 minutos Investigadores de la Universidad Andrés Bello advierten que el aumento descontrolado de erizos negros en zonas como Quintay, Rapa Nui y Juan Fernández está provocando «desiertos submarinos».
El aumento de distintas especies de erizos negros en el mar ha causado preocupación entre científicos y comunidades costeras del país. Esta sobrepoblación estaría transformando extensas zonas del fondo marino en áreas prácticamente vacías de algas y otras formas de vida.
La alerta fue levantada por investigadores del Centro de Investigación Marina Quintay (CIMARQ) de la Universidad Andrés Bello, quienes desarrollaron un programa de monitoreo en Caleta Quintay, Rapa Nui y el Archipiélago Juan Fernández para estudiar el impacto de estas especies en los ecosistemas costeros.
Según explican los especialistas, la expansión sostenida de los erizos negros está generando un desequilibrio ecológico al consumir grandes cantidades de algas y organismos bentónicos esenciales para la biodiversidad marina.
Desiertos submarinos y pérdida de biodiversidad
Sectores monitoreados por el equipo científico, áreas que anteriormente presentaban abundantes macroalgas y diversidad de especies, hoy aparecen dominados casi exclusivamente por erizos negros.
En Quintay, por ejemplo, los investigadores detectaron un aumento importante de la especie Arbacia nigra, mientras que en Rapa Nui y Juan Fernández se identificaron otras variedades de erizos con comportamientos similares.
«La pérdida de biodiversidad impacta directamente en la pesca artesanal, el turismo y la seguridad alimentaria de las comunidades costeras», advirtió la doctora Claudia Navarrete Taito, investigadora de CIMARQ y gestora del proyecto.
La desaparición de algas genera además un efecto en cadena, ya que estas cumplen un rol clave como refugio y fuente de alimento para peces, moluscos y otras especies marinas.
Inteligencia artificial para monitorear el océano
El estudio incorporó nuevas herramientas tecnológicas basadas en inteligencia artificial y análisis automatizado de imágenes submarinas, lo que permitió ampliar significativamente las zonas monitoreadas.
El programa incluyó registros audiovisuales submarinos, monitoreo participativo junto a buzos y pescadores artesanales, además del procesamiento de imágenes mediante sistemas de aprendizaje automático.
«La integración de saberes locales y ciencia aplicada permitió alcanzar una evaluación mucho más precisa del estado de estos fondos marinos», explicó Navarrete.
Gracias a esta metodología, el equipo logró identificar con mayor claridad las diferencias entre sectores y dimensionar el avance del fenómeno en distintas zonas costeras.
Cambio climático y riesgo para la comunidad costera
Los investigadores advierten que el problema podría agravarse en los próximos años debido al cambio climático y al aumento de la temperatura del océano, factores que favorecen desequilibrios entre especies y dificultan la recuperación de depredadores naturales de los erizos.
En localidades de la Región de Valparaíso, el aumento del erizo negro ya estaría afectando especies de interés comercial como el erizo rojo, utilizado históricamente en la pesca artesanal.
Frente a este escenario, los especialistas plantean la necesidad de fortalecer el monitoreo científico, avanzar en estrategias de restauración de macroalgas y desarrollar políticas de manejo adaptativo basadas en evidencia.
«El desafío ahora es mitigar los efectos ecológicos, recuperar el equilibrio de los ecosistemas y, al mismo tiempo, buscar soluciones sostenibles para las comunidades que dependen del mar», concluyó la investigadora.