Perros pueden distinguir entre miedo y tristeza en el rostro humano
Tiempo de lectura: 3 minutos Si bien estudios previos confirman que la expresión de felicidad humana es especial e importante para los perros, no había evidencia de su reacción ante expresiones neutras o negativas.
No cabe duda que un perro puede reconocer cuando su amo está alegre. Lo ve en su cara. Pero sobre lo que si había dudas es si eran capaces de reconocer otras expresiones faciales humanas. Hasta ahora.
Una investigación encabezada por científicos de la Universidad de Viena que profundizó en la biología que está detrás de esa capacidad determinó que los perros también pueden distinguir en el rostro humano emociones negativas, como el miedo y la tristeza.
Los resultados, publicados en iScience, se obtuvieron producto de dos experimentos en un grupo de perros domésticos a los que hicieron una serie de escáneres mientras veían imágenes de rostros humanos, y aportaron, por primera vez, pruebas de que los perros pueden distinguir entre expresiones faciales negativas, como la ira, la tristeza y el miedo.
Felicidad, la más importante para los perros
La capacidad de los perros para captar pequeños detalles en el rostro hace que «sean muy interesantes», pues al estudiar sus cerebros se puede entender «qué adaptaciones han desarrollado para sustentar su notable comprensión social y emocional de los humanos», señaló el autor principal, Raúl Hernández-Pérez, de la Universidad de Viena.
La primera expresión en la que se centraron los experimentos fue la felicidad, ya que, según estudios previos, reviste una importancia especial para los perros. Los animales vieron, mientras se hacían un escáner, imágenes de personas desconocidas con expresiones felices o neutras.
Los rostros felices activaron la corteza temporal y el núcleo caudado, que son regiones cerebrales asociadas con el procesamiento cognitivo superior y el de recompensas, respectivamente. Esto sugiere que los rostros humanos felices «pueden tener un significado emocional para los perros», explicó otra de las firmantes del texto, Laura Cuaya, de la Universidad de Viena.
Ira, miedo, tristeza
Por eso resultaba lógico que para comprobar si esas mismas regiones cerebrales respondían a otras emociones, se hizo el mismo procedimiento con imágenes de rostros felices, de ira, miedo y tristeza y se analizó la actividad cerebral mediante aprendizaje automático. Allí, el resultado fue que los perros no reaccionaban de la misma manera ante esas emociones negativas.
Una explicación es que la red formada por la corteza temporal y el núcleo caudado respondía de forma exclusiva a la felicidad, lo que permitió a los investigadores distinguir fácilmente las reacciones cerebrales y entender que el cerebro de un perro no se limita a clasificar el mundo en bueno y malo.
Luego, un análisis de todo el cerebro reveló patrones de actividad distintos que diferenciaban el miedo de la ira y la tristeza, lo que proporcionó la primera prueba de que los perros pueden distinguir entre expresiones faciales negativas específicas.
Más complejo que observar un rostro
La capacidad de los perros de distinguir emociones no significa que los perros experimenten las emociones exactamente igual que los humanos. Primero porque una fotografía de un rostro no lo dice todo. Y también, porque en la vida real, los perros observan el lenguaje corporal, escuchan los matices de la voz y detectan información a través de nuestro olor, señaló el equipo.
Por lo mismo, es conveniente refrendar que los animales que participaron en el estudio eran mascotas procedentes de familias cariñosas. Esto porque los perros que viven en la calle, se mueven en un mundo social muy diferente y pueden procesar las señales humanas de otra manera.
Por eso, el equipo de la Universidad de Viena quiere ahora adoptar una perspectiva más centrada en los perros para comprender cómo integran las señales cerebrales para interpretar a los humanos que les rodean. Además, tiene previsto comparar cómo procesan los cerebros humanos y caninos las mismas señales emocionales.