Estudiantes universitarios crean fragüe para la construcción a partir de residuos industriales
Tiempo de lectura: 2 minutos El camino, que se inició en las salas de clase, hoy busca constituirse en un negocio rentable.
Un grupo de estudiantes de la Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) lograron crear un fragüe técnico -el que se usa para la construcción- en base a los desechos que se generan en la misma industria. Este logro los hizo acreedores del premio Talento Innovador de la PUCV.
La diferencia principal entre el fragüe común y el fragüe técnico radica en su resistencia química, impermeabilidad y uso. Por un lado, el fragüe común o estándar se usa para terminaciones estéticas residenciales; mientras, el fragüe técnico está diseñado para soportar condiciones extremas.
El fragüe generado por los alumnos Ingeniería Civil Bioquímica esta hecho a partir de residuos de la construcción, tales como poliestireno expandido o plumavit, conocido como EPS (polímero compuesto por un 98% de aire y un 2% de poliestireno).
Escaso valor
Los EPS son un residuo especialmente complejo de transportar y valorizar, sin embargo esa historia puede cambiar. La matriz polimérica desarrollada por los alumnos de la PUCV es la que hará que el producto sea resistente al agua, resolviendo el típico y gran problema de los fragües: el crecimiento de hongos y la aparición de manchas por humedad que afectan la estética e higiene de los hogares.
«Al poliestireno se le agregará caucho triturado, permitiendo obtener una mezcla flexible y resistente a las vibraciones. Identificamos que en Chile el fragüe es especialmente sensible por los sismos, y ese es otro problema que buscamos resolver. Por otro lado, el polvo de hormigón le dará la consistencia necesaria para ser aplicado», explicó Ignacio Gandarilla, vocero del grupo.
El estudiante explica que todos estos componentes se mezclarán, incorporando aditivos ignífugos para, finalmente, obtener un producto más duradero y resistente al deterioro que los fragües cementicios disponibles en el mercado. Fue así como diseñaron una propuesta que combina valorización de residuos, innovación y sostenibilidad, transformando este desecho en una materia prima para un producto de uso constructivo.
Innovación desde las salas
Inicialmente, el proyecto surgió a partir del trabajo de los estudiantes Ignacio Gandarillas, Francesca Solari, Juan Pablo Sánchez, Lusiana Thompson y Consuelo Muñoz, en el marco de la asignatura “Innovación y Emprendimiento”, bajo la mentoría de las profesoras Andrea Ruiz y Paola Poirrier. Lo llamaron Kimova.
Kimova rápidamente salió de las aulas al mirar un problema habitual de la construcción desde otro ángulo: ¿qué hacer con los materiales que terminan convertidos en residuos?
«Tras un largo proceso de investigación sobre la contaminación de este sector y los diferentes tipos de desechos que produce, identificamos que el EPS (plumavit) era el que nadie sabía cómo tratar y el que ocupaba el mayor volumen de basura en la industria. Finalmente, con todos estos datos, y luego de un proceso en el cual pudimos definir un producto que además podría ayudar a las personas y contribuir directamente al cuidado medioambiental, llegamos a la idea de un fragüe técnico», responde Gandarillas.
Hoy Kimova es el nombre de la empresa.
El siguiente paso
Lo que viene ahora para Kimova es validar su producto a través de un prototipo para luego diseñar un modelo de negocios.
«Estamos en proceso de generar una red de contactos y empresas que nos provean de las materias primas necesarias. Postularemos a más concursos organizados por la Universidad durante el resto del año. Estamos muy agradecidos de contar con la oportunidad y el apoyo para trabajar en este proyecto. Sin duda ha sido un proceso muy valioso y enriquecedor», cierra con entusiasmo Ignacio Gandarillas, quien como sus compañeros, tuvo la visión de crear un producto en la el laboratorio de la universidad para luego traspasar la barrera académica y armar un potencial negocio.