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Hígado graso: Estudio muestra el impacto de la combinación entre alcohol y mala alimentación

Hígado graso: Estudio muestra el impacto de la combinación entre alcohol y mala alimentación

Cooperativa Ciencia,

Tiempo de lectura: 2 minutos Una investigación de la Universidad de Chile advierte que la combinación de sobrealimentación y consumo de alcohol puede acelerar el daño hepático en una enfermedad cada vez más frecuente en el país.

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La enfermedad por hígado graso es considerada uno de los principales problemas de salud asociado a la alimentación. Aunque tradicionalmente se ha asociado a factores como la obesidad o el sedentarismo, un nuevo estudio advierte que el alcohol cumple un rol clave en su progresión.

La investigación plantea que la combinación de mala alimentación y consumo de alcohol puede intensificar el daño hepático, aumentando el riesgo de complicaciones graves. El trabajo fue encabezado por el director del Departamento de Nutrición de la Facultad de Medicina, Rodrigo Valenzuela, junto a los investigadores de la facultad: Camila Farías, Luis A. Videla, Yasna Muñoz y Jessica Zúñiga Hernández, de la Universidad de Talca, y propone analizar ambos factores de manera conjunta, en lugar de separarlos como se hacía tradicionalmente.

«Sin duda, es uno de los grandes problemas de salud pública en Chile. Además, la enfermedad aparece a edades cada vez más tempranas: ya no a los 60 años, sino a los 40 o incluso antes», advierte Valenzuela.

Una enfermedad cada vez más frecuente

El hígado graso forma parte de un conjunto de alteraciones metabólicas que incluyen obesidad, diabetes tipo 2 e hipertensión, condiciones con alta prevalencia en la población chilena.

Valenzuela explica que uno de los principales desafíos es que esta enfermedad suele avanzar sin síntomas evidentes. En muchos casos, se detecta mediante exámenes cuando el daño ya está en etapas más avanzadas.

Dieta y alcohol, combinación crítica

El estudio enfatiza que no basta con analizar la alimentación o el consumo de alcohol por separado. Ambos factores interactúan y potencian sus efectos en el organismo.

«Hoy vemos que muchas veces esto no responde a una sola razón, sino a una combinación de causas. Mala alimentación y alcohol deben estudiarse juntos», señala el investigador.

En ese contexto, los patrones de consumo excesivo, especialmente durante fines de semana, pueden agravar el estrés hepático.

Prevención y recomendaciones

Frente a este escenario, los investigadores plantean que las recomendaciones deben ser más específicas que los consejos generales.

«No se trata solo de decir ‘coma mejor’, lo que se necesita son planes estructurados: alimentos definidos, cantidades, horarios, consumo de agua, cero alcohol y suplementos nutricionales específicos», explica Valenzuela.

El mensaje es claro en casos de daño hepático: «La indicación es clara, cero alcohol. El argumento del vaso de vino saludable ya no aplica cuando existe daño hepático».

El equipo también promueve una alimentación basada en productos frescos como frutas, verduras, legumbres, pescados y aceite de oliva, junto con reducir ultraprocesados y bebidas azucaradas.

Aunque aún no existen protocolos estandarizados para tratar esta enfermedad, los especialistas coinciden en que la prevención, la detección temprana y la educación alimentaria serán claves frente a una condición en aumento.


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