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El rol de los ecosistemas de Chile en la supervivencia de las aves migratorias

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Tiempo de lectura: 2 minutos Gabriela Piriz, bióloga ambiental de la Universidad de los Lagos, explica cómo los humedales y zonas intermareales chilenas permiten que especies como el zarapito de pico recto sobrevivan a sus viajes transcontinentales.

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Cada año, miles de aves emprenden viajes que desafían la resistencia física, cruzando el continente de extremo a extremo. En este complejo mapa de rutas aéreas, Chile se posiciona como un entorno privilegiado, ofreciendo refugio y alimento a especies que llegan desde el hemisferio norte. Sin embargo, este equilibrio depende de la salud de ecosistemas específicos que hoy enfrentan crecientes amenazas.

En conversación con Cooperativa Ciencia, la bióloga ambiental y estudiante del doctorado en Ciencias, mención Conservación y Manejo de Recursos Naturales de la Universidad de los Lagos, Gabriela Piriz, destacó que la Región de los Lagos posee una cualidad única: sus amplios intermareales.

«Tenemos intermareales muy amplios; toda la playa alberga una cantidad de alimento suficiente que les permite recuperar energía y albergar grasa nuevamente para prepararse para su viaje de vuelta», explica Piriz.

Una «estación de servicio» para el zarapito

Para muchas especies, como el zarapito de pico recto, Chile es el destino final de su migración no reproductiva. Estas aves se reproducen en las tundras de Alaska durante el verano del norte y viajan miles de kilómetros para pasar el periodo estival en el sur de Chile. Aquí, el ecosistema funciona como un lugar de descanso, alimentación y muda de plumaje, procesos clave para completar su ciclo de vida.

Gracias al uso de tecnología satelital y al anillamiento, los científicos han logrado determinar que algunos sitios específicos en el sur de Chile albergan entre el 1% y el 10% de la población mundial de ciertas especies migratorias. Esto convierte a estos humedales en eslabones que, de perderse, pondrían en riesgo la supervivencia de poblaciones enteras.

El poder de la ciencia ciudadana en la conservación

A pesar de su importancia, las poblaciones de aves playeras migratorias han mostrado una disminución drástica en los últimos 50 años. Las causas son principalmente de origen antrópico: la destrucción de hábitats mediante el relleno de humedales, la contaminación por plásticos, el cambio de uso de suelo y la crisis climática.

Ante este escenario, la ciencia ciudadana ha emergido como una solución poderosa. Piriz, quien forma parte de la Red de Observadores de Aves y Vida Silvestre de Chile (ROC), destaca plataformas como eBird, donde personas comunes suben sus avistamientos. «Mucho de lo que los investigadores sabemos es gracias a los datos de personas amantes de la naturaleza. Esto permite generar modelos estadísticos más poderosos para ver los tamaños poblacionales», señala la bióloga.

Un fenómeno reciente que preocupa a la comunidad científica es el «sobreveraneo». Se ha observado que algunos individuos no logran acumular la energía necesaria para migrar de vuelta al norte y se quedan en Chile durante todo el año, saltándose su ciclo reproductivo. Este cambio conductual es una señal de cómo el entorno está cambiando más rápido de lo que las especies pueden adaptarse genéticamente.

«El llamado principal es a observar con todos los sentidos«, concluye Píriz.


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