Investigación reconstruye la historia del tsunami que se registró luego del terremoto de 1960
Tiempo de lectura: 3 minutos El equipo recorrió desde 2016 más de cuarenta asentamientos costeros para entrevistar a sobrevivientes que presenciaron el desastre siendo niños o jóvenes.
Luego de más de una década de trabajo, un equipo de investigadores provenientes de diversas disciplinas logró reconstruir la historia y el impacto del tsunami ocurrido luego del terremoto de 1960, el más grande registrado en la historia.
El trabajo compiló 246 registros de inundación entre Coliumo y los Chonos mediante la combinación de relatos de sobrevivientes, fotografías aéreas históricas y tecnología LiDAR, lo que además generó datos clave para la gestión de riesgos costeros en Chile.
El grupo fue liderado por el académico de la Universidad de Valparaíso, Patricio Winckler, quien fue secundado por Patricio Catalán, académico de la Universidad Técnica Federico Santa María, ambos investigadores de Cigiden R+. Junto a otros investigadores, lograron reunir la compilación de datos más completa hasta la fecha sobre el tsunami provocado por el megaterremoto del 22 de mayo de 1960 y cuyos resultados publicó la revista Earth, Planets and Space.
Memoria oral
El sismo ocurrido en 1960 alcanzó una magnitud de entre 9,2 y 9,6, lo cual destruyó la escasa red mareográfica existente. Luego, un incendio ocurrido en 1961 en el Instituto de Geofísica de la Universidad de Chile provocó la pérdida de gran parte de los registros sismológicos. Fue así que frente a ese vacío de información, el equipo científico comenzó a recorrer en 2016 más de cuarenta asentamientos costeros para entrevistar a sobrevivientes que presenciaron el desastre cuando eran niños o jóvenes.
Distinto a como habitualmente ocurre con los levantamientos post-tsunami convencionales, donde se toman mediciones físicas inmediatas, Patricio Winckler explica que en este caso “la inundación se midió con nivel topográfico y GPS a partir de los testimonios de los testigos en terrenos donde no existían dichas marcas”.
No obstante, el académico advierte sobre los desafíos metodológicos de trabajar con testimonios orales: “los relatos suelen homogeneizarse con el paso de los años, cuestión que no se pudo evaluar en muchos sitios porque encontramos sólo un testigo, y algunos testimonios constituían relatos colectivos más que datos verificables”.
Tecnología aérea
El estudio no solo realizó entrevistas en terreno. El equipo también digitalizó la línea de escombros visible en las fotografías aéreas que la Fuerza Aérea tomó apenas trece días después del evento en Puerto Saavedra y Mehuín; al proyectar estas imágenes sobre un modelo de elevación LiDAR, los investigadores reconstruyeron campos de inundación de alta resolución.
Con eso, el número de observaciones de altura de inundación en la literatura científica ascendió de 21 a 51. Tal como lo destaca el profesor Patricio Catalán de la USM e investigador de Cigiden R+, ya que «no es sólo un ejercicio de acumulación de datos: reduce la dependencia excesiva de un puñado de sitios muy bien documentados y permite construir promedios y comparaciones estadísticamente más robustas con eventos como Maule 2010 o Tohoku 2011”.
Tsunami que no fue como el terremoto
De todas formas, y pese a corresponder al terremoto más grande jamás registrado, el tsunami de 1960 tuvo alturas de ola promedio comparables o incluso inferiores a eventos de menor magnitud.
De acuerdo con Catalán, aquello “confirma algo importante para la gestión del riesgo: la magnitud del sismo no basta para anticipar el tamaño de la inundación costera. Lo que distingue a 1960 es la extensión del tramo de costa afectado, no necesariamente la altura de las olas en cada punto”.
El estudio demostró, además, que la morfología local determina la amenaza en cada zona. Frente a esto, Winckler subraya que “la planificación territorial debiera basarse en la estimación de la amenaza sitio a sitio, porque la variabilidad espacial del impacto del tsunami depende mucho de la morfología local”.
A su vez, el académico agrega una importante advertencia sobre la escala del problema, señalando que “una ruptura extensa como la de 1960 afecta a decenas de localidades a la vez, lo que exige coordinación entre comunas, rutas de evacuación redundantes y capacidad de respuesta regional”, un aprendizaje crítico para un país donde la ocurrencia de un nuevo megasismo es sólo cuestión de tiempo.